Testimonio de Imelda

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A los 40 años me diagnosticaron cáncer de colon, y a los 61 años, cáncer de endometrio. Haber sobrevivido dos veces al cáncer ha sido la prueba más difícil que Dios me ha puesto.

Tras saber que padecía cáncer por segunda ocasión perdí toda esperanza por vivir, pues creí que a mis 61 años había llegado al final de mi vida. No supuse que sería capaz de sobrevivir. El día que el doctor me dijo que tenía cáncer de endometrio me sentí devastada, “¿Cómo es eso posible, doctor?”, le dije. “No podré soportar algo así de nuevo”, y me solté a llorar.

Mi marido había fallecido un año antes. Durante el cáncer de colon él fue todo mi apoyo y consuelo. Ahora me encontraba sola. Jamás pudimos tener hijos y el único hermano que tengo vive en Estados Unidos. ¿Qué iba a ser de mí?, ¿con qué fuerzas iba a enfrentar algo tan difícil y amargo como es el cáncer? Solo contaba con mi pensión, el seguro social, y no tenía muchas amistades que digamos.

Recuerdo que ese día, al regresar a casa, inmediatamente abrí la biblia y le hable a Dios sobre mi padecimiento: “Señor, si es lo que tú quieres para mí, lo acepto con resignación. Por favor, llévame contigo, pues nada tengo, y a decir verdad, no creo soportar por segunda vez la misma enfermedad.”

Sin embargo ahí estuve, asistí a todos los tratamientos cada vez más dolorosos para mí edad, pero por fortuna conseguí soportarlos. Parece que el cuerpo aprende de las experiencias pasadas y reaccionó bien a la quimioterapia.

Cada vez que se daba la oportunidad, me ponía a platicar con otros enfermos que iban por primera vez al tratamiento, sobre mi experiencia con el cáncer, y resultó que mis consejos los tranquilizaban o les daba el valor y la fuerza suficiente para enfrentar el tratamiento. “Es mejor afrontar las cosas que tratar de ocultarlas”, les decía. “El cáncer me enseñó a valorar la vida y con Dios a mi lado jamás estuve sola”.


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