EL DOLOR EN EL PACIENTE ONCOLÓGICO

Se calcula que el dolor es el síntoma principal en el 40% de los pacientes oncológicos en tratamiento y el 75% en enfermedad avanzada.

Aún así su presencia es variable, y depende del tipo y de la extensión de la enfermedad, así como de la propia tolerancia individual al dolor de cada persona.

Por ello, el alivio del dolor y los cuidados paliativos son prioritarios en el programa mundial del cáncer de la OMS, insistiendo en que los sistemas sanitarios pongan en marcha programas de vigilancia del control del dolor.


¿Por qué se produce el dolor?

El dolor en el paciente oncológico puede tener distintos orígenes, en algunos casos se presenta por la presión que ejerce el crecimiento del tumor sobre tejidos como los huesos, los nervios u otros órganos del cuerpo.

En otros, puede estar causado por el propio tratamiento de la enfermedad. Por ejemplo, el someterse a una cirugía, la radioterapia o quimioterapia.

En muchas ocasiones también existe un dolor previo a la enfermedad, como la artrosis, jaquecas, lumbalgia.

En cualquier caso, es importante compartir esta información con los médicos para poder afrontar de la forma más adecuada el dolor.


EL DOLOR NO ES INEVITABLE, LA IMPORTANCIA DEL CONTROL DEL DOLOR

El dolor afecta negativamente a las funciones corporales, causando e intensificando los trastornos del sueño, disminuyendo el apetito, limitando las capacidades de ejercicio y actividad física y las relaciones sociales. En resumen, disminuye la calidad de vida.

Por otra parte, la percepción del dolor puede aumentar al encontrarse deprimido o en estado de ansiedad, situaciones muy frecuentes cuando se padece cáncer.

Las unidades del dolor como los servicios de oncología disponen de medios para evitarlo. No debemos aceptar el dolor como inevitable.


Barreras habituales frente al control del dolor

Para hacer frente al dolor oncológico es necesario ser capaz de superar una serie de barreras que dificultan poder controlar el dolor de manera óptima.

No quiero reconocer que siento dolor.

En muchas ocasiones no se menciona el dolor cuando se acude a consulta. Por un lado, existe la creencia de que el dolor es un problema poco importante en comparación con el proceso oncológico. Por otra parte, se suele relacionar el dolor con un empeoramiento de la enfermedad. Así, negando el dolor, estamos negando que la enfermedad está evolucionando. Sin embargo, no tiene por qué ser así, ya que el dolor puede estar desencadenado por los tratamientos aplicados para tratar el tumor.

Los medicamentos pueden producir adicción

El miedo a hacerse adicto o de perder el control sobre ti mismo/a es un temor frecuente. Sin embargo, esto no debe suponer un impedimento para tomar analgésicos con la potencia suficiente para aliviar el dolor. La realidad es que rara vez se produce una adicción a los analgésicos si tomas los medicamentos siguiendo las recomendaciones de tu medico.

¿Y si dejan de hacerme efecto los medicamentos?

Uno de los temores más frecuentes es la creencia de que hay que tomar los analgésicos solo cuando se siente dolor, para evitar la aparición de tolerancia, es decir, que el analgésico no haga efecto con las dosis que se venían tomando hasta la fecha. Sin embargo, el tratamiento del dolor suele ser más eficaz cuando se toma la medicación a intervalos regulares, haya o no dolor. De esta forma se previene su aparición. Por otra parte, si el dolor no está bien controlado, a pesar de seguir adecuadamente el tratamiento, puede ser necesario aumentar un poco las dosis o cambiar el medicamento utilizado.

Me dan miedo los posibles efectos secundarios

Cualquier fármaco puede ocasionar efectos secundarios no deseados, y en esto los analgésicos no son una excepción. Sin embargo, casi en su totalidad se pueden prevenir o evitar.


Tratamientos disponibles contra el dolor

La elección del tratamiento depende de tu medico. Esta elección se lleva a cabo de manera individualizada, teniendo en cuenta las características del dolor, como son su intensidad y el momento en el que se encuentra la enfermedad. Los resultados del tratamiento suelen ser buenos, ya que un 90-95% de las personas responden al tratamiento farmacológico asociado a una buena terapia oncológica. Un 10% de los pacientes requieren unas medidas mas agresivas pero con muy buenos resultados.

Los analgésicos no opioides

A este grupo pertenecen los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs). Entre otros, se encuentran el aceclofenaco, diclofenaco, ibuprofeno, naproxeno, piroxicam, ketorolaco, acido acetil salicílico y el paracetamol. Son eficaces en el tratamiento del dolor leve a moderado, y pueden usarse en combinación con los analgésicos opioides y medicamentos adyuvantes en el dolor moderado e intenso.

Los analgésicos opioides

Dentro de este grupo se encuentran los opioides débiles, como el tramadol o la codeína y los opioides mayores, como la morfina, fentanilo, buprenorfina, oxicodona, hidromorfona... Los opioides menores se utilizan solos o combinados con los analgésicos no opioides para tratar el dolor cuando es de intensidad leve a moderada. Cuando no se obtiene un alivio suficiente del dolor con estos opioides débiles se utilizan los opioides mayores. La principal diferencia de los opioides mayores es que no tienen limite de dosis, por lo que esta se puede ir aumentando en función de las necesidades y tolerabilidad de cada persona.

Medicamentos adyuvantes

Los medicamentos adyuvantes son fármacos que se utilizan de manera complementaria para ayudar a los fármacos analgésicos en su acción. Entre ellos se encuentran los antidepresivos y anticonvulsivantes, utilizados para aliviar el dolor neuropático, esteroides, en dolor con un origen inflamatorio o los anestésicos locales.

Medicamentos adyuvantes

A este grupo pertenecen las llamadas bombas de infusión, que consisten en la administración de analgésicos de forma continua por vida inyectada. Cuando aumenta el dolor se puede aumentar la dosis administrada, y en algunos casos es el propio paciente quien decide cuando hacerlo. Son las llamadas bombas PCA (analgesia controlada por el paciente).

A este grupo pertenece también el bloqueo nervioso, en el que se inyecta un anestésico directamente en el nervio o alrededor de la medula espinal. Este proceso debe repetirse cada cierto tiempo, ya que el bloqueo es pasajero. También tenemos la neuroestimulación, en la que se colocan unos electrodos. Estos electrodos se conectan a un cinturón (dispositivo TENS) o bien se coloca directamente como implantes debajo de la piel.

Técnicas no farmacológicas

Además de los tratamientos farmacológicos te puedes beneficiar del tratamiento combinado no farmacológico. Entre otros se pueden utilizar las técnicas de relajación, que permiten reducir la tensión corporal y relajar los músculos. También ayuda a conciliar el sueno y sirve de complemento en el alivio del dolor. La fisioterapia también es de utilidad. Los masajes pueden aliviar las contracturas, también disminuyen la ansiedad. La aplicación de frio o calor pueden ayudar a disminuir la sensación de dolor si el origen es inflamatorio o muscular, respectivamente. Es conveniente recurrir a profesionales en este ámbito, ya que conocen mejor qué técnica aplicar en cada momento. También se puede considerar la utilización de otras terapias complementarias tales como la acupuntura.


Efectos secundarios de los analgésicos y cómo prevenirlos

Los analgésicos utilizados pueden provocar efectos secundarios, que dependen del tipo de analgésico. Consulta siempre con tu medico si observas alguna reacción que te parezca sospechosa. En el grupo de los AINE, lo más frecuente es la aparición de efectos gástricos, como dolor, gastritis, úlcera gastroduodenal y en casos graves incluso la hemorragia digestiva.

Para evitar o minimizar estos efectos tu medico te puede recetar protectores gástricos y tomarlos con algún alimento. También pueden causar problemas de la coagulación, por lo que si estás tomando un tratamiento anticoagulante tienen que administrarse con precaución.

En cuanto a los opioides, las nauseas y los vómitos son frecuentes los primeros días de su administración. Para prevenirlos se administran los denominados antieméticos.

También está la somnolencia, que suele ir disminuyendo con el paso de los días según el cuerpo se acostumbra al medicamento. Si la somnolencia persiste puede ser necesario disminuir la dosis de opioide.

Por ultimo, el estreñimiento es habitual al tomar opioides. Para mejorar esta situación conviene llevar a cabo las siguientes recomendaciones: aumentar el consumo de líquidos, tomar alimentos ricos en fibra y realizar algo de ejercicio en la medida de lo posible. No obstante, es frecuente que el medico le recete un laxante de forma preventiva.


El apoyo emocional también es importante

El dolor suele aumentar la ansiedad y afecta psicológicamente. Este hecho acaba afectando al propio control del dolor, por lo que es necesario dedicar tiempo a mejorar la propia respuesta emocional para así́ mejorar el control del dolor. Es importante buscar apoyo psicológico, bien directamente con un psicólogo, o bien formando parte de asociaciones o foros de pacientes, que facilitan el contacto con personas que están pasando o han pasado por una experiencia similar.

Fuentes:

Clínica Universidad de Navarra. Dolor. Recuperado de Enfermedades y tratamientos

Escalas de valoración del dolor. Recuperado de Documento escalas de valoración del dolor